Se Anuncia el XXXI Congreso Nacional de Trabajo Social en Chaco
El evento, que se celebrará del 7 al 9 de agosto de 2025, reunirá a profesionales de todo el país
PRIMERA y SEGUNDA CIRCULAR:
https://cpsscba.org/confluenciasvirtual/?p=11095
NOVEDADES
VI CONGRESO LATINOAMERICANO Y CARIBEÑO de CIENCIAS SOCIALES. FLACSO
5 al 7 de Noviembre del 2025, Bs. As. Argentina
"PENSAR EL FUTURO. Tranasformaciones sociales en América Latina y el Caribe"
INFORMACION: https://congreso2025.flacso.org.ar/
1° Circular del 31° Congreso Nacional de Trabajo Social a desarrollarse los días 7 8 y 9 de Agosto en Resistencia, Chaco.
"ENTRE LO POSIBLE Y LO IMPOSIBLE: Tensiones y transformaciones del TRabajo Social. A 10 años de la Ley Federal"
INFORMACION: primera circular:https://www.facebook.com/reel/1197018372135302
Segundo Congreso Latinoamericano de Trabajo Social de la UNVM “(Des)centralidad del Estado. Interpelaciones a la formación, investigación e intervención del Trabajo Social”
4 y 5 de setiembre de 2025, Campus de la UN Villa María, Provincia de Córdoba, República Argentina
PRIMERA CIRCULAR: https://sociales.unvm.edu.ar/wp-content/uploads/2025/02/2025-1ra-Circular-Congreso-Trabajo-Social.pdf
CICLO DE PRESSENTACIONES DE LIBROS DE TRABAJO SOCIAL
Editorial La Hendija.
Inicia jueves 3 de abril, en vivo por Facebook Live de La Hendija ediciones.
https://www.facebook.com/lahendijaediciones
ARTÍCULOS
Vulnerabilidad Social; una mirada desde la Intervención.
Por : Alfredo J. M. Carballeda
1. Algunas aproximaciones
La palabra vulnerabilidad deriva de “herida”, del latín <vulnerabilis> vulnus, vulneris, herida o golpe. Se construye en la actualidad desde la noción de que, a partir de determinadas circunstancias históricas, económicas, políticas, sociales y culturales una persona está en condición de ser dañada aún más y que ese perjuicio implique una situación de mayor desprotección social y padecimien to.
Es decir que una persona en situación de vulnerabilidad, es susceptible de ser aún más dañada y excluida socialmente. De este modo, una gran cantidad de acontecimientos y variables que generalmente se inscriben en las biografías sociales, pueden ir construyendo vulnerabilidad desde la historia de vida en diálogo con circunstancias micro sociales, territoriales y macro sociales.
También es posible pensar la vulnerabilidad a partir de determinado acontecimiento que genera un punto de giro en esa biografía a partir de la noción de lo que se denomina “ruptura biográfica” . A su vez la vulnerabilidad implica diferentes formas de padecimiento, tanto desde lo objetivo, como subjetivo.
De este modo, la indefensión, inseguridad y ausencia de protección social que padecen diferentes sujetos y grupos sociales, atraviesan sus condiciones de vida, construyendo diferentes formas de vulnerabilidad social. La vulnerabilidad no se refiere necesariamente a un sector social, las posibilidades de ésta, atraviesan a toda la sociedad. Es posible pensarla desde su cercanía con el riesgo de vida de una persona, construido de diferentes circunstancias que implican cierta reiteración de acontecimientos. En síntesis, se la podría entender también como una serie de situaciones que acercan a las personas o grupos a los espacios de exclusión social. Es decir, implica una proyección a futuro de mayor complejidad y padecimiento desde lo social a partir de diferentes situaciones y circunstancias que son posibles de constatar en el presente. De ahí la posibilidad de analizarla como un proceso.
La vulnerabilidad nos presenta al Otro en situación de ser herido o dañado por la exclusión...
Los equipos de salud y su relación con la violencia
Autor/a: Licenciada Silvia Cristina FOSSINI
Resumen:
En este trabajo se intenta reflexionar sobre la relación entre los equipos de salud y la violencia laboral/institucional, y desde qué dimensiones y variables podríamos pensar esa relación a fin de generar estrategias de prevención y cuidado hacia los integrantes de esos equipos y la población que asiste a las instituciones de salud.
Palabras claves: equipos de salud – violencia - prevención
Para introducirnos en el tema diremos que la violencia en contexto laboral, en sus diversos modos (física, psicológica, verbal, sexual, etc.) durante mucho tiempo -al igual que otras formas de violencia cotidiana - ha sido considerada una cuestión menor, de escasa trascendencia social y organizacional, pero hoy es percibida por distintas organizaciones internacionales y nacionales como un problema global que atraviesa fronteras políticas y culturales, sectores económicos, entornos laborales, categorías profesionales, etc.
Aquí partimos pensando la violencia en el entorno de trabajo desde la multicausalidad[1] y la interseccionalidad[2]. Consideramos que esta mirada nos permite identificar la trama de relaciones sociales existentes y cómo las estructuras de poder organizan esas relaciones y experiencias en el campo laboral. Pensamos la violencia desde una mirada integral, relacionándola no sólo con las condiciones de precariedad vista a partir de la remuneración económica recibida, sino también desde las condiciones de trabajo cotidiano, el resultado de dicho trabajo, la fragilidad del territorio en el que llevamos a cabo ese trabajo, las posibilidades y condiciones de formación, el reconocimiento (o no), su impacto en nuestra subjetividad, cómo podemos ser parte de ese modelo, reproducirlo y reforzarlo, etc. Así hablamos de violencia poniendo la mirada en el modo en que impacta y nomina a los individuos y el modo en que construye nuestra subjetividad e identidades en el campo profesional, colocándonos en una posición de vulnerabilidad, al igual que a las personas que solicitan la atención del sistema de salud.
1.- Algunas definiciones:
Según las Organización Mundial de la salud (OMS) violencia es “el uso intencional de la fuerza física o del poder, real o por amenaza, contra la propia persona, contra otra persona, o contra un grupo o comunidad que puede causar, o tiene alta probabilidad de causar muerte, lesión, daño psicológico, alteraciones del desarrollo o privación”[3]. Es importante pensar esta definición también como “una relación de fuerzas, en cualquiera de sus modalidades e intensidades, y que silencia la palabra” (Sosa Sanchez, G y Sosa Lugo, G - 2015)
Con relación a la violencia en el lugar de trabajo la OMS señala que son todos aquellos incidentes en los que una persona es sujeto de malos tratos, amenazas o ataques en circunstancias relacionadas con su trabajo, (incluyendo el trayecto entre el domicilio y el trabajo). En este sentido podemos agregar que la Provincia de Buenos Aires ha avanzado en el tema y cuenta con una legislación al respecto[4], señalando en su artículo 2° que “violencia laboral también es el “accionar de funcionarios y/o empleados públicos que valiéndose de su posición jerárquica o de circunstancias vinculadas con su función incurran en conductas que atenten contra la dignidad, integridad física, sexual, psicológica y/o social del trabajador, manifestando un abuso de poder llevado a cabo mediante amenaza, intimidación, amedrentamiento, inequidad salarial, acoso, maltrato físico, psicológico y/o social” [5].
Asimismo, Chapel y Di Martino (2006), mencionado por Matile C. y otros (2016), define la violencia en salud como “cualquier incidente en el cual un profesional de salud sea abusado, amenazado o atacado, ya sea por el paciente, sus familiares u otro profesional”.
Finalmente para este trabajo es importante agregar que la OMS define al equipo de salud como una "asociación no jerarquizada de personas, con diferentes disciplinas profesionales, pero con un objetivo común, que es el proveer en cualquier ámbito a los pacientes y familias, la atención más integral de salud posible."[6]
2.- Algunas consideraciones sobre la violencia
Resulta interesante señalar que, en palabras de Thomas P., en Sosa Sanchez, G. y Sosa Lugo, G. (2015) “El concepto de violencia no tiene una definición universalmente aceptada, al contrario, se ha reconocido como una limitación para su adecuado abordaje la polisemia del término violencia, y se ha planteado en escenarios internacionales, la inconveniencia de asumir un concepto reducido frente a uno ampliado.” (Sosa Sanchez, G y Sosa Lugo, G - 2015).
No obstante acordar con esto, y considerando que merece un análisis más profundo, aquí sólo con fines analíticos breves nos permitimos simplificar el tema planteando que en el campo de la salud podríamos mencionar como mínimo dos espacios donde se hace evidente la reproducción de relaciones de poder y su papel como generadores y/o reproductores de violencia:
a.- la violencia en el campo de salud en general
b.- la violencia dentro de las instituciones de salud
a- Violencia en el campo de salud en general
Es importante tener en cuenta que la violencia no es sólo lo que se visibiliza, sino que también es una muestra del funcionamiento de las representaciones sociales y de poder que se particularizan en un espacio microsocial. En el campo de la salud la violencia no es sólo lo dicho, sino que también debe pensarse como una lógica institucional hacia quienes trabajan en la institución y hacia quienes requieren la atención de esa institución.
Así violencia es cualquier forma de manipulación y dominación a partir del uso del poder, y no sólo existe en sus formas visibles, sino que también subyace en las lógicas de producción y reproducción social como violencia simbólica marcando desigualdades y jerarquías en la vida cotidiana.
Cualquier modo de violencia involucra cuerpos y sentimientos, y en el proceso de trabajo afecta/influye directamente los cuerpos, lo cognitivo, lo subjetivo, los valores, etc. En el orden de lo cotidiano define las relaciones sociales y de poder de las/os distintas/os actoras/es sociales. Es un hecho cultural desde una perspectiva socio-histórica, dado que se puede observar un orden transcultural de violencia que impacta directamente en la sociedad y sus actores.
A esta mirada no escapa el proceso de salud-enfermedad considerado desde lo histórico-político-económico-social, ya que a partir de allí el Estado como gestor de las políticas y el sistema y sus actores como ejecutores construyen respuestas a los conflictos y situaciones que se presentan en el territorio. De este modo las políticas públicas y las intervenciones de los equipos de salud se relacionan con la violencia de esas políticas desde las que se construyen, analizan y muchas veces la reproducen.
“No olvidemos que la violencia tiene una estrecha relación con el poder que se reproduce a través del abuso o exceso al momento de ejercerlo sobre el otro o los otros. Esta modalidad de interacciones de subordinación está instituida, más allá del marco normativo o códigos de organización de las instituciones…se ejerce de manera (visible o invisible) imponiendo criterios o saberes, subestimando las condiciones de vulnerabilidad de los destinatarios de atención” (Fossini – 2002)
“…podemos decir que el Estado (a través de sus políticas y sus instituciones) es hoy uno de los principales ejecutores de violencia social negativa[7] hacia los ciudadanos, y con ello podría inferirse que se transforma así en generador de respuestas vinculadas a la violencia social activa[8] por parte de éstos. Puede verse, entonces, al Estado como ejecutor y generador de violencia” (Fossini- 2003).
Por ello es importante no quedar anclados en una visión reduccionista al analizar la violencia en el mundo laboral, o sea analizar la violencia sólo desde la precarización laboral mirando las malas condiciones de contratación y de remuneración, ya que –como señalamos con anterioridad- la violencia impacta negativa y directamente sobre otras dimensiones como la subjetividad de las/os actoras/es, los resultados y calidad del trabajo, la fragilidad en el territorio en el que se trabaja, e incluso puede generar una naturalización que habilita a su reproducción reforzando esta violencia como modo de relación social.
b.- Violencia dentro de las instituciones de salud
En párrafos anteriores nos referimos a la definición de Equipo de Salud dada por la OMS, pero consideramos oportuno señalar que no nos quedamos en ella, sino que al hablar de Equipo incluimos en él a todas/os las/os actoras/es del sistema de salud (ej. personal administrativo, de maestranza, etc.) que trabajan cotidianamente en las distintas instituciones, dado que todas/os cumplen una función necesaria y complementaria cobrando importancia las relaciones que entre ellas/os se construyen a la luz de los objetivos de la institución.
Por otra parte, debemos señalar que el actual orden económico atraviesa todas las instituciones. Ante la reducción del recurso presupuestario no tienen todas las mismas posibilidades de dar respuestas. Sobre todo, en el campo de salud, la mayoría no dispone de los recursos económicos ni materiales, ni de los profesionales necesarios, no se cuenta con las condiciones imprescindibles para el desempeño del trabajo, lo que hace que el personal se vea desbordado, sobreexigido.
Este marco de intervención es un campo propicio para la reproducción de los modelos de violencia y exclusión. El personal no tiene el espacio para producir una intervención analítica y reflexiva y entonces ésta se convierte en automática. Sin reflexión crítica se construye un sujeto de necesidades al que se responde con asistencia, la intervención se limita a la atención puntual de naturaleza asistencial, sin dar mucha importancia al resultado. La/el demandante (que bien puede ser una/un compañera/o de equipo) se transforma en un objeto en lugar de ser un sujeto, no puede pensar ni decidir, la institución es quien decide sobre sus necesidades y derechos. Esta situación no sólo se da con la población externa que recurre a la institución en búsqueda de atención, sino que se repite (y muchas veces refuerza) dentro de la misma institución entre compañeras/os de equipo.
Como consecuencia de ello se presentan continuas situaciones de violencia intrainstitucional y problemas de salud física y psíquica afectan con mayor frecuencia a las/os trabajadores.
Consideramos oportuno aclarar que si bien el Estado en general a través de sus políticas puede ser ejecutor y generador de violencia no podemos pensarlo sólo desde esa óptica, debemos tener en cuenta que las conductas de cada ciudadana/o responden a múltiples causas y no sólo a las políticas públicas.
3.- Los equipos de salud y su relación con la violencia
Si hablamos refiriéndonos al mundo laboral en el campo de la salud y su relación con la violencia, las instituciones y quienes en ellas se desempeñan o quienes requieren de ellas, resulta claro que coexisten 3 dimensiones que se entrecruzan continuamente:
1 - desde las instituciones hacia el afuera (hacia quienes requieren, demandan, necesitan de ellas)
2 - desde las instituciones hacia adentro (hacia las/os empleadas/os)
3- entre las/os empleadas/os
“En el primer caso … a través del incumplimiento de sus funciones de inclusión, de omitir generar mecanismos que permitan la igualdad en el acceso a los derechos, … En el segundo esta violencia es ejercida a partir de la no valoración, no capacitación, de la no consideración de reclamos y propuestas, de la sobreexigencia, de la sobrecarga de trabajo, etc., o sea también desde la omisión del respeto de los derechos de sus empleados a ejercer sus derechos” (Fossini – 2003). El tercer aspecto es la reproducción de los modelos de violencia por parte de las/os trabajadores hacia sus propias/os compañeras/os de trabajo.
Teniendo en cuenta todo lo expuesto precedentemente, al analizar la relación de los Equipos de salud con la violencia podríamos distinguir cuatro espacios desde donde ésta se hace presente y señalar algunos indicadores (que seguramente no serán los únicos):
Desde el sistema de salud y la institución a partir de:
Estructura institucional burocrática, autoritaria, inestable, carente de políticas y normativas coherentes, con circuitos y canales de información deficitarios.
Exigencia de “producción” viendo la atención como mercancía. Sobrecarga horaria y alteración del ritmo circadiano[9]
Escaso número de profesionales/personal
Carencia de formación o formación insuficiente para la tarea
Modalidades de contratación y remuneración que vulneran derechos
Espacio físico inadecuado para la función y carencia de recursos necesarios
Falta de reconocimiento profesional
Desde las/os integrantes del equipo hacia quienes requieren de su atención:
Barreras para el acceso a la atención
Agresiones verbales y/o descalificaciones
Falta de escucha o empatía
Lenguaje técnico no comprensible
Información no clara, escueta, incompleta, etc.
Desde la población que requiere atención hacia el equipo:
Factores individuales predisponentes (personalidad violenta, problemas de salud mental, etc.) a conducta violenta
Agresiones físicas
Descalificaciones
Exigencias en cuanto a la respuesta esperada y/o contacto personal
Dentro del equipo de salud:
Condiciones y clima de trabajo estresantes
Priorización de algunas profesiones sobre otras
Sobrevalorización de la especialidad y el trabajo individual
Desinterés por las competencias e incumbencias de profesiones no médicas
Descalificaciones
Esos indicadores son sólo algunos, pero todos se interrelacionan. Ponen en juego las relaciones de poder hegemónicas en el campo y condicionan a las instituciones de salud y a las/os integrantes de los Equipos en su cotidianeidad laboral dentro de la institución y con la comunidad. Así tanto el sistema de salud como las/os integrantes del propio equipo y la población que requiere atención pueden ser también generadores y reproductores de violencia.
4- Buscando alternativas
Intentamos en este punto esbozar algunas propuestas o estrategias, que podrían contribuir a atenuar/disminuir la violencia y su relación con los Equipos de salud.
A partir de ello pensamos en la importancia de aportar desde una mirada integral de todos los actores del sistema de salud y de trabajar desde los diferentes espacios y personas que se desempeñan en estos Equipos.
Así planteamos por un lado la importancia de un trabajo que apunte a evaluar y re-definir pautas de diseño organizacional, de la distribución y uso de los espacios institucionales, una modificación cultural con relación a la gestión y atención, etc.
Por otro lado, debemos reconocer que las instituciones están fragmentadas y ello a la hora de brindar respuestas a la comunidad atenta contra su credibilidad, generando otro factor propicio para situaciones de violencia. A su vez la violencia en el entorno de trabajo –como ya hemos señalado- deriva de una combinación de causas, relativas a las personas, el medio ambiente y las condiciones de trabajo, así como a las formas de interacción entre las/os propias/os trabajadores, entre éstas/os con quienes recurren a la institución y entre las/os trabajadores y sus superiores. Esto último nos debería hacer reflexionar respecto a los diversos modelos de comunicación que asumimos a la hora de ponernos en contacto con la/el otra/o, lo que nos llevaría a pensar en un necesario trabajo de sensibilización a partir de la información, capacitación y reflexión sobre los modos de comunicación y la violencia hacia/desde y en la institución. Es imprescindible reconocer y re-conocernos como trabajadores integrantes de un Equipo de salud, y admitir que, aunque sea inconscientemente, en algún momento de nuestra práctica somos reproductores o respondemos al modelo y a la identidad profesional que la institución en la que estamos insertos laboralmente nos atribuye.
Pensar la noción de salud como una construcción social, que no se limita a una visión medicalizada sino que la trasciende ya que tiene directa relación con la calidad de vida y la dignidad, con el ejercicio de derechos individuales y colectivos y la satisfacción de necesidades, es pensarla desde una visión integradora. Desde ese marco consideramos que sería viable construir o re-construir modos de comunicación y relación que nos ayudarán a una comprensión y relación menos violenta.
La creación de Observatorios de violencia ocupacional, de protocolos de intervención y dispositivos de detección de indicadores de violencia podrían permitir una sistematización de las situaciones y constituirse en herramientas importantes en la detección precoz e instrumentación de acciones que reduzcan y/o eviten las conductas de violencia.
Debemos destacar que las consecuencias negativas de la violencia generalizada repercuten fuertemente en la prestación de los servicios sanitarios, en la población destinataria de esos servicios y en las/os trabajadoras/es de salud, dando lugar al deterioro de la calidad de las decisiones y de la salud personal y general.
Es importante que la institución reconozca la existencia de violencia y se comprometa a combatirla fomentando un trabajo colectivo que permita compartir y construir en conjunto soluciones alternativas.
Lo antedicho me lleva a pensar en la tan resaltada y arraigada importancia de la objetividad profesional, y tras ello recuerdo una frase de Eduardo Galeano: “la objetividad la inventaron los que no quieren comprometerse con el dolor humano”. Reafirmo entonces que, en esta tarea de prevenir y disminuir las situaciones de violencia, pensemos en desarmar los hegemónicos modelos medicalizados en el campo de la salud, en promover otras miradas hacia el adentro y hacia el afuera de los Equipos de trabajo, construyendo y articulando nuevos modos de relaciones sociales y espacios de construcción social, donde juntos podemos luchar y protegernos ante esa violencia instalada que nos acompaña y afecta en nuestra vida y praxis cotidiana.
BIBLIOGRAFÍA:
Chapell D, Di Martino C. (2006). “Violence at work”. 3era. Edición. Geneva: International Labour Office
Fossini, S. (2002). “Violencia institucional y práctica profesional. ¿Cómo actuamos los trabajadores sociales?” Revista Margen N° 27, CABA, Argentina,
Fossini, S. (2003). “El Estado y el ejercicio de la violencia social negativa. Papel de los Servicios Sociales como reproductores del modelo”. Revista Margen N° 29. CABA. Argentina,
Matile C., Salomón S., Suso A., Pezzini L., Miranda R., Carena J. (2016). “Maltrato a los profesionales de la salud”. Revista médica Universitaria, Vol 12, N° 2. Facultad de Ciencias Médicas. Universidad Nacional de Cuyo. Recuperado de: https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/8436/04-matile-rmu12-2.pdf
Sosa Sanchez, G y Sosa Lugo, G (2015). “Violencia y salud colectiva: un desafío antropológico sociocultural”. Comunidad y Salud. Recuperado de: https://classroom.google.com/c/NDkwNDkwMDc4MTY0/m/NTQzMTYwNTczODA2/details
Violencia hacia el Equipo de Salud en el ámbito laboral. Manual de Prevención y Procedimientos. Recuperado de: https://www.sap.org.ar/docs/Manual_Prevencion_Violencia_Laboral.pdf
Directrices marco para afrontar la violencia laboral en el sector salud. (2002). Organización Internacional del Trabajo OIT, Consejo internacional de enfermeras CIE, Organización Mundial de la Salud OMS, Internacional de Servicios Públicos ISP, Programa conjunto sobre la violencia laboral en el sector de la salud (ILO/ICN/WHO/PSI). Recuperado de: http://www.who.int/violence_injury_preven tion/violence/workplace/es/
[1] O sea, la violencia siempre tiene múltiples causas.[2] Interacción entre dos o más factores sociales que definen a una persona, ya que éstos no la afectan en forma separada, se combinan de distintas formas, generando desigualdades (o ventajas) diversas (si hablamos del campo de salud podría ser: profesión, institución donde se recibió, cargo que ocupa la persona, experiencia laboral, sexo, raza, color de piel, etc.)[3] OMS, Año 1973[4] Ley Provincial N° 13168 (Provincia de Bs. As.)[5] Ley Provincial N° 13168 (Provincia de Bs. As.)[6] OMS, 1973[7] Violencia social negativa: ausencia de cumplimiento de deberes de obligación hacia los otros, lo que implica la negación de esos derechos.[8] Violencia social activa: acciones realizadas con la intención de dañar al otro.[9] Ritmo Circadiano: ciclo natural de cambios físicos, mentales y de comportamiento que experimenta el cuerpo en un ciclo de 24 horas.
Breve reflexión desde la experiencia profesional
Autor: Licenciada Silvia C. Fossini (marzo 2021)
Introducción:
Partiendo de algunas experiencias de intervención profesional se esboza la importancia del cuidado de los/as profesionales de Trabajo Social, porque estas Intervenciones no son neutras, las subjetividades se influyen y reconstruyen mutuamente. Allí lo político de cada Trabajadora/or Social está presente recurriendo a una praxis astuta, que posibilite romper la lógica de poder y nos cuide de sus represalias.
Difícil contestar algunas preguntas que me hacen o me hago a veces. Más de treinta años de ejercicio profesional en Trabajo Social, muchas experiencias (de las que duelen/ de las que sanan) siguen resonando en mí, con unas dudé si era el camino y con otras confirmé que lo era. Marcaría como común denominador la importancia de no perder el asombro (capacidad movilizadora), ese que te lleva a pararte desde el lugar de ese otro, que tiene su pasado, su presente y la posibilidad de construir un futuro.
Me preocupa el cuidado de los/as profesionales de Trabajo Social, la propia visión de su práctica y su influencia en ese cuidado y en la praxis (en el sentido de Paulo Freire) misma; la expresada necesidad de transformación de las políticas sociales y las instituciones que sólo queda en el discurso, ¿entrampados en la lógica del poder? como bien señala Hugo Zemelman.
Experiencias de Intervención profesional:
Hospital psiquiátrico, sala de pacientes crónicos (con un promedio de 25 años de internación). Actividad grupal junto a una psicóloga, 10 pacientes. Coordino la reunión y entrego cigarrillos, Juan dice “gracias”, asombro, aplausos, nadie sabía que hablaba, 20 años sin pronunciar palabra. Acercarme, no discriminarlo, respetar sus tiempos y sus no ganas hicieron la diferencia y habilitaron el despertar de su deseo.
Trabajo grupal – junto a otra Trabajadora Social –fuera de las salas de internación psiquiátrica, lugar que los pacientes fueron reconstruyendo (literalmente) y apropiándoselo; desde esa reconstrucción re-construyeron y comunicaron sus historias, sus habilidades laborales, su aspecto físico, habilitarlos para el deseo olvidado de reconocerse y vincularse fue el vehículo.
Viajar kilómetros para realizar una visita domiciliaria y comprobar que no sólo los vínculos familiares determinan las relaciones. Concretar acciones abriendo el hospital psiquiátrico, los vecinos ingresaron al hospital y junto a los internados disfrutaron actividades, ir destruyendo el miedo, la estigmatización, la segregación, el encierro detrás de un alambrado pero dentro de uno mismo también. Considerarlos sujetos, con derechos, con opiniones, con historia, con deseos es en lo que se basaron estas intervenciones profesionales.
Detrás de cada intervención teorías y prácticas que se enriquecieron con la reflexión de un equipo interdisciplinario y la supervisión externa. Diagnósticos sumados al cambio de discursos acompañados de acciones. Estas intervenciones no eran el mandato institucional, reclamamos la autonomía profesional, en equipo encontramos el espacio para la resistencia y propuesta de otras alternativas de restauración de ciudadanía para nosotras/os (las/os profesionales) y para las/os destinatarias/os de nuestras intervenciones/destrucciones-construcciones.
Otras situaciones en otros espacios. Cecilia: adolescente que luego de un aborto clandestino internada y llorando me pedía que la adoptara; Emanuel, de 8 años, encerrado en una habitación con un balde para sus necesidades porque su madre estaba trabajando y a quien quería llevarme a mi casa; Sandra: embarazada a quien le informé que su análisis de VIH era positivo y con quien lloramos cuando sus hijos dieron negativo; Javier, 6 años, sucio, rebelde, cuya situación me llevó al espacio del comedor escolar para trabajar junto a los otros niños hábitos, integración. Esa noche del 24 de diciembre que ingresó al hospital un hombre atropellado quien sólo pudo decir su nombre y tuve que utilizar mi imaginación y conocimiento de la población para identificarlo y ubicar familiares; Raúl peón rural casi completamente quemado que debía ser derivado a Buenos Aires sin documentos, dinero o familiares; los mellizos de 19 años y un accidente automovilístico, para derivarlos a un centro de mayor complejidad las autoridades querían obligarnos a elegir a cuál salvar. Rosa quien cuando se quemó su casa pidió que me buscaran y en el pasillo de la guardia me gritaba “son 5 Silvia, fíjate que son 5 los que estaban”, pero a quien luego no pude convencer que donara el corazón de su hija para una niña que se encontraba en emergencia nacional.
Análisis no final
Muchas situaciones, muchas personas, requirieron quebrar los mandatos institucionales para que se restituyeran y respetaran sus y nuestros derechos. Intervenciones profesionales que no son neutras, donde las subjetividades se influyen y re-construyen mutuamente porque las intervenciones son una interrelación entre personas, entre situaciones, entre historias, entre subjetividades. Y dejan marca.
Allí lo político del TS está presente recurriendo a una praxis astuta, que nos posibilite romper la lógica de poder y nos cuide de sus represalias.
Pero ¿cómo hacerlo? En un artículo publicado en el Portal Margen (*) preguntaba
“… reconozco la importancia de la sistematización de la práctica, … pero también reconozco que no puedo pasar del reconocimiento...desde nuestro espacio de intervención, desde nuestra ideología, desde nuestra metodología de trabajo, desde nuestro mucho o poco poder en la institución, tratamos de re-definir el accionar profesional, ¿puede solo cada trabajador social con esto? ¿Podemos en el centro de esta demanda pensar, re-definir, analizar, re-posicionar, nuestras respuestas, nuestra intervención?. ¿Qué pasa con los atravesamientos de nuestras cuestiones personales-profesionales?” dudas, cuestionamientos, certezas, miedos, errores, inseguridades, alegrías, convicciones, presiones, cansancio, impotencia, avances, decepciones, ideales, utopías, etc.?
¿La respuesta a estos interrogantes? Supervisión y sistematización de nuestras prácticas, situándolas/situándonos. Difícil seguramente, pero no imposible. Creo que el esfuerzo vale la pena porque es la única manera en que lograremos mirarlas/mirarnos como profesionales desde una perspectiva performativa que contribuya a construir conocimientos y cuidarnos, ejerciendo la profesión con conciencia crítica dentro de un paradigma emancipatorio que restituya y preserve derechos.
(*) “Trabajadores sociales... un día como tantos ...” Revista Margen 28 (año 2003)
Bibliografía:
· Fossini, Silvia C. (2003) “Trabajadores sociales... un día como tantos ...”. Revista Margen N° 28, República Argentina.
· Zemelman Hugo M: (2001) Pensar teórico y pensar epistémico: los retos de las ciencias sociales. Instituto pensamiento y cultura en América A. C. “Enseñar a pensar”. Mexico (el escrito se basa en la transcripción de la conferencia magistral dictada por el Dr. Zemelman ante los alumnos del posgrado Pensamiento y Cultura en América Latina, de la Universidad de la ciudad de México, el 10 de noviembre de 2001). https://educacion.ctera.org.ar/almacen/2020/04/Zemelman_pensar-teorico_epistemico.pdf
¿Qué vemos cuando vemos?
Silvia Fossini
La percepción es lo que nos da la oportunidad de ver el mundo de distintas maneras y tanto ésta como los conocimientos no se dan naturalmente sino a partir de un encuentro activo con el mundo. En este proceso de conocimiento intervienen el contexto, la historia e incluso nuestras expectativas de lo que queremos conocer o ver. Son diferentes modos de conocer el mundo y de relacionarse con él por lo tanto no son categorías dicotómicas, ni objetivas ni subjetivas.
Podría decirse -como afirma el dicho popular- que “todo depende del cristal con que se mira”, dibuja nuestra forma de percibir y relacionarnos con el mundo, con las situaciones, con los otros, delineando esa percepción y conocimiento que construimos de la realidad.
¿Qué le aporta esto al Trabajo Social?
“Qué ves, qué ves cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad….” (Qué ves, Divididos)
La realidad no es absoluta, es relativa en el sentido de que cada uno la ve desde su punto de vista, construido a partir de su situación, su historia (experiencias, dudas, saberes, etc.) y el contexto; así confirmamos que la realidad nunca puede ser objetiva porque está sujeta a la construcción e interpretación de quien la mira. Dentro de esa realidad ubicamos lo que se denominan “problemas sociales”; la subjetividad, la historia y el contexto (lo interno y lo externo) intervienen en la definición de situaciones como problemas (o no). En esa construcción el sujeto adquiere herramientas que le permiten organizar y reorganizar sus representaciones acerca de sí mismo, de los otros, de la sociedad y de su lugar en ella, y desde allí intervenir.
Desde lo social el modo de “mirar”, qué ver y cómo ver, se deconstruye permanentemente, moldea cuerpos, mentes, relaciones sociales, etc. y desde el TS constituye un ángulo particular desde el cual pensar la realidad macro y micro social para comprenderla-transformarla, dando sentido a las prácticas, a los otros y construir identidad profesional. En esta realidad no neutra es donde las/os profesionales nos enfrentamos con la heterogeneidad y la necesidad de poder mirar e intervenir desde la multiplicidad. La supervisión y sistematización de las prácticas aportan el enfoque imprescindible para la percepción y conocimiento desde distintos enfoques de la realidad social, la propia y la de los otros, donde nada es determinante ni absoluto para intervenir profesionalmente.
No olvidemos que después de todo – como dijo Antoine de Saint-Exupéry en su libro “El principito” – “… lo esencial es invisible a los ojos…”
Diciembre 2020
Trabajo Social y Salud mental
El “loco” es un portador de una enfermedad cuyo origen radica en la comunidad que lo aísla. ¿no logrará desenterrar la apatía, superar la degradación y re-construir su propia identidad -más allá de la dada por los otros- en un espacio que propicie su reconocimiento social como persona, su integración o re-integración como ciudadano? Es imprescindible pensar la intervención profesional desde el trabajo grupal, donde el grupo constituye un lugar de pertenencia e identidad para cada integrante, y cuyo objetivo es pensar que puede haber otras maneras de ver el trabajo social en el campo de la salud, dejando de lado los paradigmas impuestos para la atención de la salud-enfermedad mental.
“… se nos deja abandonados
sin pensar que hemos quedado en un lúgubre hospital,
y se tornan desalmados los amigos más amados
por guardarnos discrepancia,
por capricho o ignorancia o por ética social.
Y aún estando relegados
de ese plano cultivado que es por sí la sociedad
se nos tiene denigrados, confundidos, despejados,
con el pelo a veces al ras,
como infantes reclutados de un plante exhorbitado
que perdió la razón astral.”
Autor: un internado en el Hospital Dr. Alejandro Korn (La Plata - Argentina)
Sólo un relato
Lic. Silvia C. Fossini (01/11/2021)
Más de 30 años de ejercicio profesional, muchas experiencias (delas que duelen/ de las que sanan) siguen resonando en mí. Con unas dudé si era el camino, con otras confirmé que lo era.
¿El común denominador? la importancia de no perder el asombro como capacidad movilizadora, ese que te lleva a pararte desde el lugar de ese otro, que tiene su pasado, su presente y la posibilidad de construir un futuro.
Cecilia: adolescente que luego de un aborto clandestino internada y llorando me pedía que la adoptara.
Emanuel, de 8 años, encerrado en una habitación con un balde para sus necesidades porque su madre estaba trabajando y a quien quería llevarme a mi casa.
Sandra: embarazada a quien le informé que su análisis de VIH era positivo y con quien lloramos de alegría cuando sus hijos dieron negativo.
Javier, de 6 años, sucio, rebelde, su situación me llevó al espacio del comedor escolar para trabajar junto a los otros niños hábitos, integración.
Esa noche del 24 de diciembre que ingresó al hospital un hombre atropellado, sólo pudo decir su nombre y tuve que utilizar mi imaginación y conocimiento de la población para ubicar familiares.
Raúl, peón rural, casi completamente quemado, que debía ser derivado a Buenos Aires sin documentos, dinero o familiares.
Los mellizos de 19 años y un accidente automovilístico, para recibirlos en un centro de mayor complejidad querían obligarnos a elegir a cuál salvar.
Rosa quien cuando se quemó su casa pidió que me buscaran y en el pasillo de la guardia me gritaba “son 5 Silvia, fíjate que son 5 los que estaban”, pero a quien luego no pude convencer que donara el corazón de su nieta para una niña que se encontraba en emergencia nacional.
Muchas situaciones, muchas personas, requirieron quebrar mandatos institucionales para que se restituyeran y respetaran sus derechos. Intervenciones profesionales que no son neutras. Las subjetividades se influyen y reconstruyen mutuamente porque son una interrelación entre personas, entre historias, entre subjetividades. Y dejan marca.
Allí lo político del TS y recurrir a una praxis astuta, que posibilite romper la lógica de poder y nos cuide de sus represalias. Importancia de la supervisión y sistematización de nuestras prácticas, situándolas/situándonos, mirarlas desde una perspectiva performativa que contribuya a construir conocimientos y cuidarnos, ejerciendo la profesión con conciencia crítica dentro de un paradigma emancipatorio que restituya y preserve derechos.